En una decisión dividida, la Corte Suprema de Estados Unidos confirmó este martes la interpretación amplia de la ciudadanía automática por nacimiento, rechazando así la orden ejecutiva del presidente Donald Trump que pretendía excluir a los hijos de personas en situación migratoria irregular o temporal.
El máximo tribunal se apoyó en la lectura tradicional de la Enmienda 14, adoptada tras la Guerra Civil, así como en leyes federales más recientes, para establecer que, salvo contadas excepciones, toda persona nacida en el país es ciudadana estadounidense.
“La ciudadanía, entonces y ahora, era el derecho a tener derechos: participar libremente en nuestra comunidad política. Quienes redactaron la Enmienda 14 extendieron esa promesa a ‘toda persona libre nacida en esta tierra’”, escribió el presidente del tribunal, John Roberts, citando debates congresionales de la época. “Hoy mantenemos esa promesa”, agregó.
Tres magistrados de tendencia conservadora se mostraron a favor de permitir que las restricciones impulsadas por el mandatario republicano entraran en vigor. Sin embargo, la orden nunca llegó a aplicarse, pues diversos tribunales inferiores ya la habían bloqueado.
Durante los alegatos orales de abril, tanto jueces conservadores como liberales cuestionaron la legalidad de la medida, en un caso de gran relevancia que además contó con la presencia inédita de Trump en la sala.
El fallo representa un nuevo revés para el presidente en su cruzada migratoria, aunque la Corte—de mayoría conservadora y con un historial favorable a sus políticas—ya le había negado en febrero pasado su intento de imponer aranceles globales bajo una ley de poderes de emergencia. En aquella ocasión, Trump reaccionó con dureza y calificó a los magistrados opositores como “desleales” y “antipatrióticos”.
En esta ocasión, el mandatario había anticipado su descontento en redes sociales, donde arremetió contra “jueces y magistrados tontos” y criticó a mujeres adineradas de China y otros países que viajan a EE.UU. para dar a luz y asegurar la ciudadanía de sus bebés.
La orden presidencial pretendía revertir una interpretación arraigada durante más de un siglo: que la Enmienda 14 otorga la nacionalidad a todo nacido en territorio estadounidense, con la sola excepción de hijos de diplomáticos extranjeros o de fuerzas de ocupación. Dicha enmienda, aunque redactada inicialmente para garantizar la ciudadanía de personas afrodescendientes—incluidos los esclavos liberados—, establece en su texto que “toda persona nacida o naturalizada en Estados Unidos y sujeta a su jurisdicción es ciudadana”.
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