En México, 3.5 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se encontraban en situación de trabajo infantil durante 2025, equivalente al 12.6% de la población de ese grupo de edad. De ellos, cerca de 1.7 millones realizaban ocupaciones peligrosas, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2025, presentados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 21 de octubre de 2026.
El informe también identificó a 1.8 millones de menores en ocupaciones no permitidas, que incluyen actividades peligrosas o trabajos realizados por debajo de la edad mínima legal de 15 años. Estas cifras corresponden a indicadores distintos y no deben sumarse como si representaran grupos independientes.
Además, 1.9 millones de menores realizaban quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas, por ejemplo, jornadas prolongadas o tareas que pueden poner en riesgo su salud, seguridad y desarrollo.
El trabajo infantil persiste pese a una ligera disminución
Entre 2022 y 2025, la cifra de menores en situación de trabajo infantil pasó de 3.7 a 3.5 millones, mientras que la tasa nacional bajó de 13.1% a 12.6%. Sin embargo, el indicador continúa por encima del 11.4% registrado en 2019.
La incidencia también varía según la edad y el sexo. Entre los adolescentes de 15 a 17 años, la tasa de trabajo infantil alcanzó el 24.6%, frente al 8.6% de la población de 5 a 14 años. Por sexo, el indicador fue de 15% entre los niños y de 10.2% entre las niñas.
Guerrero, Oaxaca y Chiapas concentran las tasas más altas
La distribución territorial evidencia profundas desigualdades. Guerrero encabezó la lista nacional, con una tasa de trabajo infantil de 22.6%, seguido de Oaxaca, con 20.9%, y Chiapas, con 20.3%. Las tres entidades superaron ampliamente el promedio nacional.
Por sectores económicos, las ocupaciones no permitidas se concentraron principalmente en el agropecuario, con 27.7%; servicios, con 27.3%, y comercio, con 24.5%. Estas actividades pueden exponer a los menores a jornadas excesivas, riesgos físicos y condiciones incompatibles con su educación y desarrollo.
La presión económica familiar, entre los factores asociados
Los datos del INEGI también muestran que 83.3% de los hogares con población en situación de trabajo infantil reportó al menos un problema grave o muy grave durante los tres años anteriores. Entre los principales estuvieron el aumento de los precios de los alimentos, señalado en 48.4% de los hogares; la pérdida de ingresos laborales, con 13.9%, y la sequía o falta de lluvias, con 9.4%.
En cuanto a los motivos para realizar ocupaciones no permitidas, 30.6% de los menores señaló que trabajaba por gusto o para ayudar; 22.4% lo hacía para pagar sus estudios o cubrir gastos personales, y 9.8% indicó que su hogar necesitaba que trabajara.
Los resultados muestran que, aunque el trabajo infantil disminuyó ligeramente respecto de 2022, millones de menores continúan expuestos a actividades que pueden afectar su educación, salud y bienestar.
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