Las redes sociales, principalmente Instagram y TikTok, se han llenado de fotografías en las que los usuarios aparecen como si hubieran vivido durante los años 80. Peinados voluminosos, colores intensos, maquillaje marcado, ropa llamativa y escenarios inspirados en aquella década forman parte de una tendencia que utiliza herramientas de inteligencia artificial para transformar imágenes actuales.
El fenómeno parte de una idea sencilla: descubrir cómo habría lucido una persona en otra época. Para conseguirlo, los usuarios cargan una fotografía y proporcionan instrucciones específicas a una herramienta de IA para que conserve sus principales características físicas y las combine con elementos visuales propios de los años 80. La tendencia ya se ha extendido entre usuarios y también entre algunas figuras públicas.
De acuerdo con Ximea Céspedes, quien habló sobre el fenómeno en entrevista para El Heraldo Radio, una parte importante de la interacción alrededor de esta tendencia está relacionada con la diversión y la nostalgia. El análisis citado señala que alrededor del 40% de la interacción es positiva, particularmente entre quienes encuentran en estas imágenes una manera de experimentar con su identidad visual en un contexto histórico diferente.
Aunque este tipo de modas digitales suelen tener una duración limitada, el uso de fotografías personales para generar imágenes mediante inteligencia artificial abre una discusión que va más allá del resultado final. Detrás de una fotografía con estética retro aparecen preguntas relacionadas con la privacidad, el manejo de información personal, la autenticidad de las imágenes y los recursos necesarios para que estos sistemas funcionen.
¿Qué información entregas cuando subes una foto a una IA?
Una de las principales preocupaciones alrededor de esta tendencia está relacionada con la información que contiene una fotografía del rostro. Al cargar una imagen para que una herramienta de inteligencia artificial la procese, el usuario no está proporcionando únicamente una fotografía con valor estético: también está poniendo a disposición una representación visual de sus características faciales.
En este contexto, la preocupación expresada por especialistas gira alrededor de los datos biométricos. El rostro puede utilizarse como una característica para identificar a una persona y, dependiendo de la plataforma y de sus políticas, existen diferentes condiciones sobre la manera en que las imágenes proporcionadas por los usuarios pueden ser almacenadas, procesadas o utilizadas.
“Qué estaríamos entregando a cambio a la inteligencia artificial, porque podemos estar entregando información biométrica del rostro y que al final termina siendo más caro lo que damos que lo que realmente estamos obteniendo”, se señaló al abordar los riesgos asociados con esta clase de herramientas.
Por ello, antes de subir una fotografía a cualquier plataforma, uno de los aspectos que debe revisarse es qué establece su política de privacidad sobre las imágenes. No todas las herramientas funcionan de la misma manera y las condiciones pueden variar dependiendo del servicio, el tipo de cuenta y los permisos que el usuario acepta al utilizarlo.
El filtro de los 80 también abre un debate sobre privacidad
La popularidad de estas imágenes ha hecho que miles de personas compartan fotografías generadas por IA sin necesariamente detenerse a revisar qué ocurre con el material que cargaron para obtenerlas. La facilidad del proceso —subir una imagen, escribir una instrucción y esperar el resultado— puede hacer que la parte relacionada con el tratamiento de datos pase desapercibida.
El riesgo no significa que cada fotografía subida a una herramienta de inteligencia artificial vaya a terminar necesariamente en un uso indebido. La preocupación está relacionada con la cantidad de información que puede contener una imagen y con la importancia de conocer las condiciones bajo las cuales una plataforma recibe y procesa ese material.
Además del rostro, una fotografía puede incluir otros elementos que revelen información sobre una persona. El entorno, objetos personales, documentos visibles, uniformes, lugares reconocibles o incluso otras personas que aparezcan en segundo plano pueden aportar datos adicionales que el usuario quizá no tenía intención de compartir.
La discusión sobre privacidad adquiere mayor relevancia cuando las imágenes corresponden a menores de edad, familiares o personas que no dieron autorización para aparecer en ellas. En esos casos, la decisión de utilizar una fotografía para generar contenido con IA puede involucrar información de terceros además de la persona que realiza la carga.
¿Cuánta agua y energía utiliza la inteligencia artificial?
El debate sobre el filtro de los años 80 también ha puesto la atención sobre un aspecto que normalmente no aparece en la pantalla: los recursos necesarios para procesar las solicitudes realizadas a los sistemas de inteligencia artificial.
Cada vez que una herramienta genera una imagen, detrás del resultado existe una infraestructura tecnológica compuesta por centros de datos y equipos que requieren electricidad para funcionar. Estos sistemas también necesitan mecanismos de enfriamiento, lo que explica parte de la conversación alrededor del consumo de agua asociado con determinadas infraestructuras digitales.
“Qué decir también de lo que se gasta de agua cada que nosotros le damos un clic a estas aplicaciones de inteligencia artificial para que nos hagan una foto, para que nos den una respuesta”, se planteó durante el análisis de la tendencia.
El impacto ambiental de la inteligencia artificial no depende únicamente de una fotografía o de una solicitud individual, sino de la escala en la que millones de usuarios utilizan estas herramientas. La generación de imágenes, respuestas y otros contenidos requiere capacidad de procesamiento, electricidad y sistemas de refrigeración, por lo que el crecimiento de estas tecnologías también ha abierto preguntas sobre su sostenibilidad.
¿Por qué el filtro de los 80 se volvió viral?
La explicación del éxito de esta tendencia está relacionada, en buena medida, con la combinación entre nostalgia, curiosidad y facilidad de uso. A diferencia de las producciones fotográficas tradicionales, una persona puede obtener una imagen con apariencia profesional o retro a partir de una fotografía y unas cuantas instrucciones.
La estética de los años 80 también facilita la viralidad. Los peinados exagerados, las hombreras, los colores fluorescentes, los accesorios grandes y el estilo de las fotografías analógicas generan resultados visualmente llamativos que pueden compartirse fácilmente en redes sociales.
Para las generaciones que vivieron esa época, las imágenes pueden funcionar como un ejercicio de nostalgia. Para los usuarios más jóvenes, en cambio, representan una oportunidad para imaginarse en una década que no experimentaron directamente. Esa diferencia generacional ha contribuido a ampliar el alcance de la tendencia.
El fenómeno tampoco se limita a usuarios anónimos. Distintas figuras públicas se han sumado al trend y han mostrado sus propias versiones de cómo lucirían durante los años 80, lo que ha ayudado a que más personas conozcan las herramientas utilizadas para generar estas fotografías.
¿Qué debes revisar antes de subir una fotografía a una IA?
Una de las primeras recomendaciones es revisar las condiciones de privacidad de la plataforma antes de cargar una imagen. El usuario puede consultar qué información recopila el servicio, cuánto tiempo conserva los archivos, para qué utiliza las imágenes y si existen condiciones relacionadas con el entrenamiento o la mejora de sus sistemas.
También es importante observar qué aparece en la fotografía. Una imagen aparentemente cotidiana puede contener documentos, direcciones, placas, credenciales, pantallas, fotografías familiares u otros elementos que proporcionen información adicional. Recortar o editar esos detalles antes de cargar la imagen puede reducir la cantidad de datos compartidos.
Otro aspecto que conviene considerar es si realmente resulta necesario utilizar una fotografía personal para participar en una tendencia. Algunas herramientas permiten generar imágenes a partir de descripciones o utilizar fotografías que no contienen información identificable, dependiendo de las funciones disponibles.
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