Hay publicaciones que duran segundos en redes sociales, pero dejan suficiente evidencia para exhibir algo mucho más profundo que un “mal chiste”.
Esta vez, el centro de la polémica fue el conductor y creador de contenido Chumel Torres, quien compartió una imagen de una persona con síndrome de Down para burlarse del influencer y creador digital Adrián Chávez, conocido en redes como “@nochaveznada”. Aunque la publicación fue eliminada poco después, las capturas comenzaron a circular de inmediato y detonaron una ola de críticas por considerar que el comentario cruzó una línea básica de respeto y humanidad.
Lo que para algunos seguidores intentó justificarse como “humor negro”, para otros evidenció algo que desde hace años acompaña la figura pública de Torres: una forma de comunicación que constantemente encuentra en la humillación, el clasismo y la ridiculización de otros el camino más fácil para generar conversación digital.
La reacción no tardó en alcanzar también al entorno mediático del conductor. El periodista Óscar Balderas anunció públicamente que cancelaría su participación en espacios relacionados con Grupo Fórmula tras cuestionar que la empresa mantenga vínculos con figuras señaladas repetidamente por expresiones discriminatorias.
“Ya estuvo”, resumieron decenas de usuarios en redes sociales que consideraron inaceptable que la discapacidad siga utilizándose como recurso de burla en pleno 2026.
Horas más tarde, Chumel Torres publicó una disculpa en la que reconoció haber “regado” la situación y aseguró que “no era la intención”. También deslindó a Grupo Fórmula de cualquier relación con su cuenta personal.
Sin embargo, para muchas personas el problema no fue únicamente la publicación, sino el patrón. Porque cuando las disculpas llegan después de años de polémicas similares, el debate deja de centrarse en el error aislado y comienza a enfocarse en la normalización de un discurso que golpea siempre hacia abajo.
¿Qué es el síndrome de Down y por qué importa hablar de esto?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el síndrome de Down es una alteración genética causada por la presencia de una copia extra total o parcial del cromosoma 21. No es una enfermedad, no define el valor de una persona y mucho menos debería convertirse en un insulto o herramienta de desprecio.
Las personas con síndrome de Down estudian, trabajan, construyen relaciones, participan activamente en la sociedad y tienen los mismos derechos a vivir con dignidad y respeto. Reducirlas a una imagen para ridiculizar a alguien no solo lastima a una comunidad históricamente discriminada; también refleja la facilidad con la que algunos personajes públicos siguen apostando por la crueldad disfrazada de comedia.
En México, organismos como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) han advertido que este tipo de expresiones fortalecen prejuicios y ayudan a perpetuar barreras sociales contra personas con discapacidad. Y aunque internet suele premiar el contenido más escandaloso, también ha demostrado algo importante: cada vez más personas están dispuestas a señalar cuando el “humor” deja de ser sátira y se convierte simplemente en violencia normalizada.
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