En julio se conmemoró el Día Internacional del Autocuidado, una fecha que invita a pensar en algo que solemos posponer: cuidar de nuestra salud antes de que un malestar se convierta en una urgencia. Pero el autocuidado no siempre significa evitar una enfermedad. A veces significa aprender a vivir mejor con ella, a controlarla y a evitar que se complique. Ambos caminos —prevenir y controlar— tienen algo en común: impactan directamente el costo de un siniestro de salud, tanto para las familias como para el sistema que las respalda.
Un país que apenas empieza a protegerse
En México, solo el 23% de la población económicamente activa cuenta con un seguro de vida o de gastos médicos mayores, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS). Es una cifra que revela cuánto camino falta por recorrer en materia de protección financiera ante la salud.
La detección oportuna, además, sigue siendo una tarea pendiente: 29.4% de los adultos en México tiene hipertensión, y 43.9% de ellos desconocía su diagnóstico, según la Ensanut 2022 del Instituto Nacional de Salud Pública. Es decir, una parte importante de quienes viven con esta condición ni siquiera lo sabe, lo que retrasa el control y aumenta el riesgo de complicaciones costosas.
Los padecimientos crónicos con mayor volumen en la cartera de HDI Seguros en 2025
Para dimensionar el peso real de estas condiciones, HDI Seguros compartió su radiografía de siniestros asociados con las principales enfermedades crónicas cubiertas por sus pólizas del ramo individual, registrados entre enero y diciembre de 2025.
Los tres padecimientos con mayor número de casos fueron:
- Dislipidemia: 148 siniestros, con un costo promedio de $2,022.94 por caso.
- Asma: 101 siniestros, con un costo promedio de $6,415.55 por caso.
- Hipertensión esencial (primaria): 91 siniestros, con un costo promedio de $6,346.57 por caso.
Estos promedios reflejan el comportamiento observado en la cartera durante el periodo. El costo de atención puede variar considerablemente según la evolución del padecimiento, la complejidad de cada caso y el tratamiento requerido.
En este contexto, estas tres condiciones comparten algo importante: su aparición y evolución están fuertemente ligadas a hábitos de vida —alimentación, actividad física, control de peso y adherencia al tratamiento—, lo que las convierte en un buen punto de partida para hablar de autocuidado con datos reales.
Los hábitos que sí hacen la diferencia
Con base en las condiciones que más pesan en esta radiografía, estos son algunos hábitos concretos que pueden marcar la diferencia:
- Revisar tus niveles de colesterol y triglicéridos al menos una vez al año, sobre todo si hay antecedentes familiares de dislipidemia.
- Monitorear tu presión arterial de forma periódica, ya que la hipertensión suele no presentar síntomas hasta que ya está avanzada.
- Mantener un control ambiental y médico del asma, evitando desencadenantes conocidos y siguiendo el tratamiento indicado.
- Cuidar la alimentación y la actividad física de forma sostenida, no sólo como reacción a un diagnóstico, sino como hábito permanente.
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