El Tren Maya vuelve al centro de la polémica luego de que se reportara el hundimiento de pilotes en el tramo Cancún–Tulum, una zona caracterizada por la presencia de cenotes y cavernas. Estas formaciones naturales, propias del subsuelo kárstico de Quintana Roo, representan un desafío estructural que ahora genera nuevas dudas sobre la estabilidad de la obra.
Imágenes recientes muestran evidencias de apuntalamiento en estructuras del Tramo 5, lo que ha reactivado las alertas por posibles riesgos geológicos, fallas constructivas y daños ambientales que ya habían sido documentados previamente en esta región.
Desde etapas iniciales del proyecto, activistas y ambientalistas habían advertido sobre la fragilidad del terreno, señalando que la construcción sobre cenotes y cavernas podría derivar en problemas como los que ahora se observan. Estas preocupaciones apuntaban a la necesidad de estudios más profundos y medidas de mitigación más estrictas.
Además de los cuestionamientos técnicos y ambientales, la obra también enfrenta críticas por su costo superior a los 500 mil millones de pesos y por registrar pérdidas anuales cercanas a los 6 mil millones de pesos, lo que intensifica el debate sobre su viabilidad y sostenibilidad a largo plazo.
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