La operación militar de Estados Unidos que culminó con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro dejó un número de muertos mayor al reconocido inicialmente.
De acuerdo con un alto funcionario citado por The New York Times, al menos 80 personas —entre militares y civiles— murieron como consecuencia directa del operativo, lo que añade una dimensión más grave al impacto de la acción armada.
El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, admitió que “gran parte” del anillo de seguridad presidencial fue abatido durante la incursión, confirmando que las principales bajas se produjeron entre las fuerzas encargadas de proteger al mandatario.
La nueva cifra aporta una dimensión más cruda a la denominada “Operación Determinación Absoluta”, una acción planificada durante meses que incluyó ensayos secretos, despliegues militares encubiertos e inteligencia humana dentro del territorio venezolano.
El secuestro de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, constituye la mayor intervención directa de Washington en América Latina en décadas y abre un escenario de profunda incertidumbre política, jurídica y militar.
Aunque el asalto final se ejecutó en cuestión de minutos, fue el punto culminante de una ofensiva prolongada. Durante meses, el Ejército estadounidense reforzó su presencia frente a las costas de Venezuela y lanzó ataques reiterados contra presuntas embarcaciones vinculadas al narcotráfico en el Caribe, destruyéndolas de forma visible y letal, según informó la Casa Blanca.
Estos operativos funcionaron además como cobertura para el despliegue gradual de capacidades militares en la región.
En paralelo, las agencias de inteligencia estadounidenses intensificaron el seguimiento del mandatario venezolano. Desde agosto, equipos de la CIA habrían operado de forma encubierta, reconstruyendo con detalle los movimientos cotidianos de Maduro: rutinas, residencias temporales, hábitos personales y patrones de seguridad. Esa información permitió a las fuerzas especiales ensayar repetidamente la misión en una réplica exacta del complejo presidencial, construida en secreto fuera de Venezuela.
El secretario de Estado, Marco Rubio, habló con periodistas desde Mar-a-Lago, Florida, tras el ataque del 3 de enero de 2026, mientras crece la presión internacional por esclarecer el impacto humanitario del operativo y las implicaciones legales del secuestro de un jefe de Estado en funciones.
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