En el mundo de las relaciones modernas, donde las redes sociales juegan un papel central, han surgido nuevos términos para describir conductas que antes pasaban desapercibidas. Uno de ellos es el orbiting.
El término proviene de la idea de “orbitar”, es decir, dar vueltas alrededor de alguien sin tener un contacto directo. En el terreno emocional, ocurre cuando una persona deja de hablar contigo o corta la relación, pero sigue presente de manera indirecta: ve tus historias en Instagram, da “me gusta” a tus publicaciones o interactúa de forma mínima sin retomar la comunicación real.
¿Por qué ocurre?
El orbiting puede tener varias motivaciones:
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Curiosidad: la persona quiere saber qué haces sin necesariamente volver a acercarse.
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Inseguridad o ego: busca confirmar que sigues ahí, disponible o pensando en ella.
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Estrategia inconsciente: mantener un vínculo sin asumir un compromiso.
¿Cómo se siente?
Para quien lo vive, puede ser confuso y doloroso. Genera la sensación de que la relación sigue en pausa y no cerrada del todo, lo que complica avanzar y soltar. Es una especie de “presencia ausente” que mantiene enganchada a la otra persona.
¿Cómo manejarlo?
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Reconocer que es una dinámica común en la era digital.
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Poner límites, por ejemplo, restringiendo la interacción en redes.
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Enfocarse en lo propio: amistades reales, proyectos personales y autocuidado.
En resumen, el orbiting es una forma de vínculo ambiguo que mezcla cercanía virtual con distancia real. Aunque pueda parecer inofensivo, muchas veces impide un cierre emocional saludable.
¿Quieres que esta nota la prepare con un tono más juvenil y ligero, tipo blog/revista digital para redes sociales, o prefieres que se mantenga con un estilo informativo y serio?
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