Un caso ocurrido en León, Guanajuato, ha generado conmoción a nivel nacional tras revelarse que una maestra de preescolar presuntamente utilizó una actividad escolar para cometer abusos sexuales contra alumnos de entre 3 y 4 años. La dinámica, conocida como el “juego del pato”, habría sido empleada como un supuesto método de premio dentro del aula.
Los hechos se registraron en el preescolar Juan Enrique Pestalozzi, donde la docente identificada como Guadalupe “N” impartía clases al grupo de 1º A. De acuerdo con información oficial, la actividad consistía en hacer preguntas a los menores; quienes respondían correctamente recibían un “premio”, mientras que quienes fallaban eran castigados físicamente.
Según las investigaciones, los supuestos premios consistían en tocamientos realizados por la maestra frente al resto del grupo, mientras que los castigos incluían golpes en el estómago. El aula en el que ocurrieron los hechos estaba conformada por entre 33 y 35 alumnos, quienes presenciaron las agresiones de manera reiterada.
El caso salió a la luz en mayo de 2025, cuando una de las menores comenzó a presentar malestares físicos persistentes. Sus padres decidieron llevarla a consulta médica, donde se detectó una infección de transmisión sexual, situación que derivó en la recomendación de presentar una denuncia ante la Fiscalía del Estado de Guanajuato.
De acuerdo con el testimonio del padre de la menor, la niña inicialmente se negó a hablar sobre lo ocurrido. Sin embargo, después de que su madre le asegurara que la maestra sería castigada, la menor comenzó a relatar los hechos. Posteriormente, otros padres detectaron cambios significativos en el comportamiento de sus hijos, como ansiedad, tristeza, aislamiento y resistencia a asistir a la escuela.
“Mi niña decía que le dolía el estómago… el juego ese que supuestamente mi niña decía es ‘el pato’… eso es lo que externa la niña, entonces no es cualquier cosa”, relató el padre de la primera víctima.
La madre de una segunda menor indicó que los abusos no fueron hechos aislados, sino parte de un patrón repetitivo, en el que la docente realizaba tocamientos por encima o debajo del uniforme escolar. Las autoridades determinaron que existen dos víctimas directas, mientras que el resto de los alumnos fueron considerados víctimas indirectas por haber presenciado los hechos.
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