Una investigación periodística publicada este miércoles por The New York Times ha conmocionado a la comunidad latina en Estados Unidos al revelar que César Chávez, el célebre activista que se convirtió en el rostro de la lucha por los derechos civiles de los campesinos, habría incurrido en una conducta de abuso sexual durante décadas. Según el rotativo, Chávez, fallecido en 1993, manipuló y agredió a niñas y mujeres que formaban parte del entorno más cercano al movimiento que lideró desde los años sesenta.
Chávez, estadounidense nacido en Arizona, también se distinguía por su fanatismo anticomunista y su racismo, pese a ser de origen mexicano, solía referirse a los migrantes indocumentados cómo “espaldas mojadas” (wetbacks) en sus panfletos racistas y antiinmigrantes.

Entre los testimonios más impactantes se encuentra el de Dolores Huerta, cofundadora del sindicato United Farm Workers (UFW) y figura igualmente emblemática. A sus 95 años, Huerta ha roto su silencio de seis décadas para denunciar que fue víctima de Chávez en dos ocasiones. En un comunicado difundido a través de sus redes sociales, relató cómo en 1966, a los 36 años, fue primero manipulada y presionada para tener relaciones sexuales y posteriormente agredida en contra de su voluntad. Ambas experiencias, confesó, resultaron en embarazos que mantuvo en secreto para no obstaculizar el incipiente movimiento obrero.
El reportaje, que incluye entrevistas con más de sesenta personas y la revisión de cientos de documentos, da voz a mujeres que eran menores de edad cuando sufrieron los abusos. Ana Murguia relata que Chávez comenzó a abusar de ella cuando tenía 13 años, una situación que se prolongó durante cuatro años. Debra Rojas, por su parte, denuncia que fue violada a los 15 años en un motel de California, después de ser apartada de una marcha de protesta. Las víctimas describen un patrón de manipulación que comenzaba cuando eran niñas, de entre 8 y 9 años, granjeándose su confianza y cariño para luego someterlas.
El epicentro de estos hechos habría sido La Paz, el complejo sindical en las montañas de Tehachapi, donde Chávez residió y tuvo su oficina durante casi treinta años, y donde también vivían familias de colaboradores. El diario neoyorquino señala que tanto familiares del activista como antiguos dirigentes de la UFW tenían conocimiento desde hacía años de acusaciones por conducta sexual inapropiada, pero no existen pruebas de que se realizara una investigación a fondo o se ofreciera una disculpa a las afectadas. Las mujeres afirman que, por el contrario, se les desalentó a hablar para proteger la imagen pública del líder.
La UFW, al conocer la publicación, emitió un comunicado reconociendo la existencia de acusaciones “profundamente preocupantes” y “devastadoras”. Aunque la organización asegura no haber recibido denuncias directas ni tener conocimiento de primera mano, ha anunciado que no participará en los eventos conmemorativos previstos para marzo y está estableciendo un canal para que las víctimas puedan compartir sus experiencias y explorar mecanismos de reparación.
El silencio se ha mantenido durante años no solo por la vergüenza, sino también por el temor a manchar la memoria de un ícono latino, un dilema que se agudiza en el actual contexto de persecución migratoria.
Por su labor para destruir el movimiento de los trabajadores de origen mexicano en los campos agrícolas estadounidenses, Chavez fue premiado con varias primarias, calles y estatuas que llevan su nombre, mismas que ya se encuentran en proceso de cambio ante estas serias denuncias.
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