Un extraño relieve con forma de embarcación lleva más de seis décadas alimentando una de las búsquedas arqueológicas más polémicas del mundo. Ahora, por primera vez en años, los investigadores decidieron ir más allá de las imágenes y perforar directamente el subsuelo de la Formación Durupınar, en el este de Turquía, para descubrir qué hay realmente debajo.
El sitio se encuentra a unos 29 kilómetros al sur del monte Ararat, cerca de Doğubayazıt, y mide alrededor de 157-160 metros de largo, una dimensión que coincide de manera llamativa con las medidas atribuidas al Arca de Noé en el Génesis. La formación fue identificada en fotografías aéreas en 1959 por el capitán turco İlhan Durupınar.
Pero hay un detalle que mantiene vivo el misterio: nadie ha demostrado que esa estructura sea el Arca.
Radares, perforaciones y algo que no esperaban
La investigación de 2026, dirigida por el arqueólogo Cenker Atila, de la Universidad Cumhuriyet de Sivas, utilizó cartografía, drones y sistemas de radar para estudiar el terreno antes de comenzar las perforaciones. El equipo trabajó durante cerca de 90 días y recolectó muestras de suelo para enviarlas a laboratorios.
Los radares detectaron anomalías, espacios vacíos y formaciones angulares debajo de la superficie. Algunas de esas señales se encuentran a pocos metros de profundidad y otras llegan hasta aproximadamente 13 metros, según investigadores citados por Daily Sabah.
Y entonces llegó una de las partes más intrigantes de la investigación: las perforaciones llegaron hasta 18 metros de profundidad y permitieron recuperar muestras continuas de suelo. Los investigadores reportaron además material orgánico oscuro en el subsuelo que ahora será analizado para determinar su composición y origen.
Incluso se informó que el terreno dentro de la formación presenta más materia orgánica que las zonas inmediatamente exteriores, aunque ese dato tampoco demuestra por sí mismo la existencia de una embarcación.
La expectativa es que los análisis permitan responder una pregunta mucho más concreta: ¿se trata de una estructura construida por seres humanos o de una formación natural que simplemente tiene apariencia de barco?
Una historia que comenzó en 1959
La silueta de Durupınar llamó la atención desde que apareció en fotografías aéreas hace más de 60 años. Desde entonces, investigadores han intentado determinar si sus dimensiones y características tienen alguna relación con el relato bíblico.
Los defensores de la hipótesis del Arca señalan la forma alargada, las dimensiones y las anomalías detectadas bajo tierra. También han mencionado posibles corredores y espacios internos observados mediante estudios geofísicos.
Pero la explicación geológica sigue siendo una posibilidad importante. Especialistas han sostenido durante décadas que la formación puede ser producto de procesos naturales de erosión y deformación del terreno. Investigaciones anteriores tampoco han aportado una prueba arqueológica verificada de una embarcación.
Y los propios investigadores actuales han pedido cautela. Andrew Jones, integrante del proyecto, señaló que los estudios todavía no permiten afirmar que hayan encontrado el Arca de Noé y que aún faltan los análisis de laboratorio y los informes finales.
Los resultados de las muestras serán analizados durante los próximos meses y el equipo prevé presentar un informe más completo en 2027.
Así que, por ahora, el misterio permanece intacto: bajo una formación que parece un enorme barco hay anomalías, muestras orgánicas y espacios que los radares todavía no logran explicar por completo.
La pregunta ya no es solamente qué forma tiene Durupınar desde el aire, sino qué encontrarán cuando terminen de analizar lo que sacaron de sus entrañas.
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