Usted dijo que quería conocer a una madre buscadora… soy una madre buscadora”. Inocencia González se plantó frente al senador Gerardo Fernández Noroña mientras caminaba entre simpatizantes durante un evento en este municipio. Él no se detuvo. Se limitó a responder: “Conozco a muchas madres buscadoras” y siguió avanzando.
Inocencia, que en ese momento transmitía en vivo, intentó continuar, pero no pudo. Personas cercanas al legislador comenzaron a cerrarle el paso, a rodearla, a impedirle acercarse. Al mismo tiempo, los gritos comenzaron a subir de tono: “¡Noroña, Noroña!”, coreaban para cubrir su voz. No era una consigna espontánea, era un muro para silenciarla. La escena duró apenas unos segundos, pero dejó al descubierto algo más profundo: la indiferencia frente al dolor.
Ella no llegó ahí como activista, llegó como madre. Su hija, Cynthia González González, de 26 años, estudiante de Ingeniería Petrolera, desapareció el 12 de junio de 2024 en Poza Rica, Veracruz, después de haber denunciado acoso por parte de policías tras una detención que su familia considera arbitraria. Desde entonces no hay respuestas, no hay avances claros, no hay justicia. Lo único que ha habido es la búsqueda incansable de una madre que ha tenido que recorrer caminos, integrarse a colectivos y aprender a buscar por su cuenta lo que las autoridades no han resuelto.
Minutos después del encuentro, aún con la tensión evidente, Inocencia difundió otro video en redes sociales. Su voz ya no era solo de reclamo, era de hartazgo.
“Soy una madre buscadora… una madre que ya se cansó de que este pinche gobierno no nos escuche”, dijo.
Relató que tuvo que terminar la transmisión porque personas del equipo del senador venían detrás de ella, y denunció la forma en que fue tratada: “Fueron muy groseros, muy antipáticos… se vio la falta de empatía”.
Su mensaje fue más allá de ese momento. “Yo tengo que salir a buscar a mi hija porque el gobierno no sale, porque la Fiscalía no sale a buscar a nuestros desaparecidos”, cuestionó, evidenciando lo que para miles de familias se ha vuelto una realidad cotidiana: la ausencia de las instituciones.
La contradicción también quedó expuesta, pues en el evento se hablaba de no violencia hacia las mujeres, mientras a ella le cerraban el paso y le negaban la posibilidad de ser escuchada. “Se dice caballero… pero vieron cómo me trató”, reclamó.
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